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EL TURISMO COMO UNA OPORTUNIDAD DE DESARROLLO
Lunes, 31 de Agosto de 2009

El turismo rural como estrategia de conservación de la naturaleza
La relación entre la naturaleza y el hombre tolera diversas visiones, las que con frecuencia son contradictorias, para algunos movimientos ecológicos la naturaleza tiene una posición prioritaria por sobre la actividad humana y por ende sobre la cultura; en el extremo de estos movimientos es posible encontrar enfoques que sustentan la necesidad implementar políticas que disminuyan la tasa de crecimiento de la población como una estrategia conservacionista.

Por ERNESTO BARRERA 


Por el contrario la visión antropocentrista considera al ser humano como el centro del universo y de la propia naturaleza. Así el hombre es superior al resto de los seres naturales desde una perspectiva teleológica o de las causas finales, en esta visión la naturaleza debe orientarse hacia el perfeccionamiento del ser humano.



Desde otras perspectivas también es posible observar visiones diferentes y frecuentemente contradictorias sobre el vínculo entre la naturaleza y el hombre. Según la actividad económica, según se resida en el mundo rural o en el urbano, en un país desarrollado o en un país subdesarrollado las visiones sobre el ecosistema serán diferentes y aún conflictivas.



El zorro colorado en la Patagonia, el Coyote en México o en USA son receptores de miradas fuertemente contrapuestas. Para un productor ganadero son una plaga, para un habitante de las ciudades estos animales forman parte de la fauna local que debe ser conservada. Estos animales son casi un emblema de las diferentes maneras de relacionarse con la naturaleza según las raíces culturales.



En términos generales puede afirmarse que, pese a la globalización, la mirada sobre la naturaleza también varía según el grado de desarrollo de las sociedades; son más propensas a invertir en su conservación las que ostentan un mayor grado de desarrollo que las más empobrecidas. 



Cuando las consideraciones que se realizan sobre la naturaleza se vinculan con diferentes formas de aprovechamiento el nivel de conflictividad puede ser elevado. ¿Plaga o recurso? Tal el grado de contradicción que es posible observar cuando se analiza el valor económico de la fauna.



En varias zonas de nuestro país asistimos a una revalorización de los establecimientos agropecuarios que sorprende a los productores tradicionales por los elevados valores que se pagan por los predios y que en la mayoría de los casos deja fuera de competencia a los productores locales interesados en adquirirlos con objetivos productivos tradicionales. Esta situación se replica en comunidades nativas y en ejidos campesinos de la mayoría de los países de América Latina.



En términos teóricos el precio de un establecimiento agropecuario no es más que la expectativa de renta futura que el mismo podría generar. Con este concepto resultan inadmisibles, para productores tradicionales, los elevados precios que se abonan por campos casi “improductivos”. Pero no se trata de campos improductivos, sino de campos que tienen un “valor naturaleza” que la visión tradicional no reconoce o no está en condiciones de apropiar.



El mercado, crecientemente, evidencia las diferentes valoraciones que tiene la naturaleza según la descripción realizada inicialmente.



Aunque en algunos casos el interés de los adquirentes de los recursos naturales pasa por el placer hedónico que estos le prestan a su propietario o por su compromiso con las generaciones futuras (ciertamente existen genuinos benefactores de la humanidad así como donantes desinteresados) en la mayoría de los casos los inversores en tierras que son asiento de gran diversidad biológica, apuntan a un negocio no agropecuario de la tierra; ese uso es generalmente turístico.



La flora y la fauna son junto a la cultura los principales recursos sobre los que se desarrolla la actividad turística; es por eso que los pastizales naturales adquieren un valor que hasta hace poco no era tomada en cuenta, al ser ecosistemas biodiversos son un soporte para el desarrollo turístico.



La fauna que vive en el pastizal es un sustento valioso del turismo rural. Lo es tanto sea integrada a productos turísticos que le den a la misma un uso consuntivo (que consume en ese acto el recurso, por ejemplo la caza y la pesca) como de aquellos que la utilizan no consuntivamente (sólo la observan). Los sistemas ganaderos, aquellos basados en el pastizal, son los que admiten éste uso turístico. Los campos agrícolas que son durante gran parte del año verdaderos desiertos de vida suelen ser enemigos de la fauna, un enemigo más peligroso que la cacería deportiva.



Como se ha indicado los recursos naturales son pasibles de un aprovechamiento consuntivo o no consuntivo. En nuestra perspectiva uno no es mejor que otro para la conservación en tanto el consuntivo esté correctamente regulado y controlado.



Debido a una cierta infición ideológica la mayoría de la población rechaza la caza, un uso consuntivo de la naturaleza, pero no ocurre así con la pesca –otro uso consuntivo- evidenciando una valoración cultural de los animales, sin embargo la cacería en muchos casos contribuye a la conservación de la fauna además de ser una fuente de ingresos para el país. Lamentablemente los gobiernos, al menos en la perspectiva turística, prestan poca o ninguna atención al tema en aras de una supuesta sensibilidad social que pone por encima el mito a la ciencia.



En éste río revuelto ganan quienes hacen un uso inescrupuloso de los recursos, no tienen campos propios, ni invierten en la conservación. El negocio de la cacería es bastante más oscuro de lo que debiera ser.



La visión mexicana es diferente, allí la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales –SEMARNAT- autoriza y controla la implementación de Unidades de Manejo Ambiental (UMA) y en ellas también se desarrollan actividades cinegéticas. Cacería y manejo conservacionista no necesariamente expresan comportamientos antagónicos.



El uso no consuntivo de la naturaleza es el que se realiza a través de actividades turísticas recreativas o de esparcimiento; y aunque que no hace consumo directo de ella, también puede dañarla cuando se sobrepasan las cargas máximas que los recursos permiten.



El uso consuntivo requiere de regulaciones estatales que garanticen la conservación del mismo, pero el uso no consuntivo también requiere de cuidados ad hoc frente a su explotación turística.



En los sistemas productivos privados la conservación de la naturaleza responde al principio del costo de oportunidad. La gente sólo la cuida si ésta "paga" su parte. El turismo rural es una de las vías en las que la naturaleza paga su parte convirtiéndose así en un instrumento de desarrollo económico a la vez que de conservación. El turismo rural también favorece el encuentro y las coincidencias de las diferentes posturas sobre los ecosistemas.



Más del 90% del territorio nacional está administrado por productores rurales, y si estos no están motivados a conservar la naturaleza el esfuerzo que se haga en la reducida superficie de Parques Nacionales y reservas de naturaleza se disipa.



El turismo basado en la naturaleza no es una moda, se basa en un recurso crecientemente escaso y en nuevas demandas de la sociedad fundadas en la búsqueda de una mejor calidad de vida, es una tendencia que llegó para quedarse. Sin embargo nadie puede asegurar que serán los actuales habitantes de las zonas rurales quienes se beneficien con él. 



Los inversores externos y los “neorurales”, gente que se muda a la ruralidad buscando una mejor calidad de vida, suelen ser los más exitosos emprendedores de turismo rural. No objetamos, ni a la inversión externa, ni a la de los habitantes de las ciudades que descubren en el campo una oportunidad de negocios y de vida, sin embargo estamos comprometidos con el desarrollo de las zonas rurales y con quienes la habitan. Allí debe estar la prioridad para los proyectos turísticos con objetivos territoriales.



Para tener éxito, tanto en la conservación de los recursos como en una estrategia de desarrollo que privilegia a la población rural se requieren políticas activas. Aunque el Programa Argentino de Turismo rural - Raíces en el año 2000 y el actual nacimiento del Programa Nacional de Turismo Rural (PRONATUR) indican que en los estamentos del Estado existe una preocupación por el tema, falta mucho por hacer.



El turismo rural para ser un efectivo instrumento de valoración de la naturaleza y promotor del desarrollo de los territorios rurales requiere:



• Una legislación que considere a la actividad como una modalidad más de las que adopta la producción agropecuaria,

• Una desregulación de las normativas de comercialización que movilice las iniciativas de los emprendedores, 

• Coordinación de acciones y políticas de los organismos con competencia en la temática rural, agraria, de conservación de la naturaleza y de la cultura.

• Una política de promoción que mire el mercado interno y

• Estímulos para la capacitación de la población rural.



El turismo rural es una nueva forma de cultivar la tierra y una nueva manera de valorizar la naturaleza y la cultura del mundo rural.



Fuente: Hostnews
25.11.2009 - 10 AÑOS DE TURISMO RURAL EN LA FACULTAD DE AGRONOMIA Leer
14.11.2009 - El uso turístico del patrimonio como recurso para el desarrollo local Leer
13.11.2009 - FIT 2009 - Presentación de Santa Fe Leer
 
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