El origen lúdico del turismo activo
Evolución del derecho al ocio. Ocio activo y pasivo.
El turismo de aventura. Diferencia con los deportes de aventura.
Por: T.s.t Ángel Pablo Perticará
La figura del ocio o tiempo libre ha pasado a lo largo de la historia humana por sus más diversas consideraciones.
Hasta bien entrado el siglo XX el tiempo libre era solo un derecho-privilegio de una pequeña clase dominante, los “ciudadanos” griegos y la “burguesía” industrial son sólo algunos ejemplos de ello, y fue precisamente la extrema presión que esta última imprimió sobre la clase trabajadora, unida a la propagación de las ideas igualitarias y liberales que a partir del siglo XVII comenzaron a sucederse en Europa, lo que desencadenó el comienzo de los movimientos sociales en busca del reconocimiento de los derechos del trabajador, entre los cuales se encontraba el derecho al descanso.
Los primeras mejorías sociales para los trabajadores europeos no se hicieron esperar: al descanso dominical le siguió la reducción de la jornada laboral y el otorgamiento del derecho a las vacaciones pagas. Pero en rigor, la lucha social llega a su máxima expresión en 1948 en función de la Declaración de Derechos Humanos dictada por la Organización de las Naciones Unidas que en su artículo 24 sostiene “Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas”.
Es a mediados del siglo XX cuando el fenómeno denominado tiempo libre u ocio queda institucionalizado como un derecho inherente, propio e inamovible de todo trabajador.
A partir de aquí y con el paso del tiempo se fueron delineando los distintos modos de canalizar el tiempo libre. Básicamente y utilizando el criterio de esfuerzo físico, podemos hablar de un ocio pasivo o activo.
Ir al cine, mirar televisión, leer, asistir a un espectáculo deportivo, charlar con familiares o amigos, escuchar música, son algunas de las actividades que se engloban en el fenómeno del ocio pasivo.
Basta con que el sujeto participe en forma activa de alguna actividad deportiva para que haya ocio activo en sentido estricto. Precisamente, el uso activo del tiempo libre supone la práctica de un deporte ya sea en forma de afición o profesional.
Las formas tradicionales de ocio activo han sido el fútbol, voleibol, la esgrima, natación, golf, básquetbol entre otros deportes practicados por pura distracción, entretenimiento, pasatiempo, placer, como forma de lograr una mejor condición física, o de evasión y desintoxicación de la vida moderna.
En épocas recientes la sociedad global ha asistido al surgimiento de un nuevo tipo de deporte, producto de la natural evolución de todo fenómeno social: los deportes de aventura. Estos procuran contactar activamente al hombre con la naturaleza, al mismo tiempo que reavivan sensaciones como el vértigo y el riesgo, prácticamente minimizadas o totalmente controladas en la vida de las ciudades modernas.
Los aportes científicos y tecnológicos “han contribuido a la transformación de los deportes existentes y a la creación de otros nuevos” , generando materiales y técnicas que han permitido el desarrollo de accesorios y medios de transporte que hoy posibilitan desafiar, con diverso grado de riesgo, todas las leyes de la naturaleza.
Luego de considerar concepciones de distintos autores, el fenómeno de los “deportes de aventura” puede ser definido como “aquellas actividades deportivas de entretenimiento y turísticas, que se practican sirviéndose básicamente de los recursos que ofrece la misma naturaleza en el medio que se desarrollan y que conllevan un factor de riesgo” .
¿Es acertado considerar a los deportes de aventura como un equivalente del turismo de aventura?
En rigor, los deportes de aventura son una alternativa creativa de canalizar el tiempo de ocio, una mera actividad recreativa a la que el hombre moderno puede apelar en sus ratos libres durante la semana o bien en los fines de semana. Para que exista el turismo de aventura es menester que los hombres se desplacen hacia un determinado destino turístico por un lapso mayor de veinticuatro horas y así se posibilite la puesta en marcha de todo un sistema turístico que incluye alojamientos, empresas prestadoras de servicios de turismo extremo, restaurantes, etcétera.
Es lícito llamar a este nuevo tipo de turismo como de aventura, extremo, activo, de riesgo o participativo ya que todos se refieren, en esencia, al mismo fenómeno social, aunque es dable advertir que el término turismo de aventura es el más popular.
El Licenciado José Manuel Aspas en su obra “Los Deportes de Aventura” contempla, a mi entender, la definición mas abarcativa y comprensiva del fenómeno del turismo activo. La misma sostiene que “el turismo activo se refiere a aquél cuya motivación consiste en la realización de deportes -algunos incluso de muy reciente invención- que se realizan en la naturaleza y que habitualmente precisan para su práctica de un soporte natural determinado, a veces escaso, lo que determina la localización de las empresas organizadoras en lugares geográficos específicos. Es activo porque es fundamental la participación directa del protagonista, y no la mera contemplación de espectáculos deportivos”.
El conjunto de deportes que constituyen el fenómeno de los deportes de aventura es significativamente mayor que el número de disciplinas que se pueden contar como propias del turismo de aventura.
La causa de ello radica en que muchos de los nuevos deportes surgidos, o bien revitalizados a raíz de este fenómeno, no han tenido la capacidad para captar la atención masiva de adeptos que a su vez sean capaces de desplazarse hacia un determinado centro turístico en pos de su práctica, y así poner en funcionamiento al sistema turístico.
Quizás el ejemplo más radical de ello sea la relación que existe entre el desarrollo del parapentismo y el aladeltismo en las últimas décadas. Mientras que el primero se ha popularizado por todos los rincones de globo a tal punto que ya existen empresas especializadas en la prestación de servicios de vuelos “biplaza” en parapente en los principales centros turísticos argentinos, la práctica del ala delta no ha vivido la misma suerte (a pesar de haber nacido con anterioridad) y actualmente ha quedado relegada al ámbito casi exclusivamente deportivo ya que su ejercicio como disciplina del turismo de aventura es escasa.
Vivimos en una sociedad cada vez más lúdica, lo cual esta posibilitando que el hombre moderno redescubra el mundo en el que habita por medio de actividades que si bien tiempo atrás pensamos eran imposibles de incluir dentro del turismo, hoy están potenciando y diversificando su concepto, permitiendo a su vez que comunidades económicamente deprimidas, vean en él una beta de desarrollo.