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15.03.2006

TURISMO ALTERNATIVO
Una concepción local

Nociones básicas. La relación con el turismo convencional.
Orígenes del Turismo Alternativo. Una postura propia.


Por: T.s.t Ángel Pablo Perticará


A finales de los 80´ fui comprendiendo lo que era negociar . Año tras año pactaba con mis padres. Mi reto era esforzarme durante todo el año en el colegio y si todo salía según lo planeado, mi buena recompensa consistía en pasarme las vacaciones de verano junto a mis abuelos maternos en San Carlos de Bariloche, mi ciudad natal.

Fue así como un brillante y cálido día de verano patagónico, guiado por miembros del Club Andino Bariloche (CAB) conocí el refugio de montaña “López” en el cerro homónimo. Recuerdo cada detalle de mi primera experiencia en montaña. La mesura del paisaje tapizado de lagos, bosques y cerros, los susurros y distensión de los pocos montañistas y turistas que deambulaban por la zona, el tenue reggae que amenizaba la atmósfera del refugio y la parcimonia del administrador para preparar tortas fritas caseras en la cocina económica.

Algo más de diez años después, en el mismo lugar, con el mismo escenario y para la misma época, todo ha cambiado. Junto con nosotros, que llegamos en unos apresurados vehículos 4x4 hasta escasos quinientos metros del refugio, arriban columnas de caminantes, senderistas, trekers -o no se muy bien como llamarles- que copan y agitan la escena. Durante el camino cruzamos a varios deportistas en sus novedosas bicicletas de montaña; a la distancia se distinguen una suerte de pájaros fluorescentes que dicen llevan turistas y se llaman parapentes. El suave reggae fue reemplazado por sonido sintético que ruge desde sendos parlantes colocados fuera del refugio, para que también lo sintonicen los visitantes que se vieron obligados a disponer sus carpas en el incomodo suelo pedregoso de las inmediaciones porque en el interior de la cabaña no hay más lugar.

En viajes posteriores, pude comprobar que el movimiento alternativo se replicaba con matices en distintos rincones del país.

El 2 de febrero de 2004, ya en carácter de cronista de la revista Extremo Patagonia y enviado por una Ong`s para conmemorar el Día Mundial de los Humedales que ese año la Convención Ramsar celebraba bajo el lema “De las montañas al mar los humedales trabajan para nosotros”; visité nuevamente el refugio. El fenómeno alternativo se había profundizado.

Mi primer encontronazo con el turismo alternativo me marcó personal y profesionalmente. Estaba finalizando mi carrera de turismo y mi espíritu inquieto me llevo a hacerme un torrente de preguntas sobre la realidad ¿Qué está pasando? ¿Cómo se llamará esa cosa que vuela? ¿Cómo se llamará este tipo de turismo? Inconscientemente había comenzado una investigación, que varios años, después y una tesina de graduación sobre el tema de por medio, acabó por inspirarme para escribir este libro sobre turismo alternativo.

Poco tardé en advertir que lo que estaba investigando era un fenómeno joven, en donde convergían una multiplicidad de elementos y que se caracterizaba por una deficiente conceptualización.

Lo cierto era que el fenómeno se estaba dando en la realidad y propagando con celeridad. Se hacía imperante un rótulo para comercializarlo y comunicarlo. Fue así como los medios masivos de comunicación hicieron su juego y se dio un aluvión de conceptos y fundamentos sobre por qué debía de calificarse a este fenómeno de tal o cual manera.

La confusión mandaba y toda acepción era válida. Ecoturismo, turismo en la naturaleza, turismo rural, activo, salud, participativo, ecológico, sustentable, verde, natural, fueron sólo algunos de los términos que se utilizaron para definir a la corriente que hoy conocemos como turismo alternativo.

Luego de varios años de evolución que incluyó seminarios, cursos, congresos y demás eventos provinciales y nacionales, la designación de esta nueva tipología turística como “alternativa” se fue afirmando y popularizando en nuestro país, al punto que en la actualidad el grueso de los segmentos del sistema turístico nacional aceptan el rótulo, más allá de que los límites específicos del fenómeno no hayan sido hasta el momento precisamente determinados.

Como en la mayoría de los fenómenos sociales, el padre directo del término turismo alternativo no se conoce con veracidad, pero es indiscutible que su uso se inició en la últimas dos décadas del siglo XX. Su dogma central propone un contacto directo y activo entre el hombre y la naturaleza.

Si bien se han escrito hornadas de libros, artículos y documentos de discusión sobre el tema, considero que fue en el marco del 1er. Congreso Provincial de Turismo Alternativo, (realizado en Miramar, provincia de Córdoba) en noviembre de 1996 donde se gestó una de las definiciones más felices sobre la actividad. La misma sostiene que “el turismo alternativo lo componen todas aquellas actividades recreativas y educativas no convencionales, donde la motivación principal del visitante es estar en contacto directo con la naturaleza, siendo actor partícipe de las experiencias en los ambientes naturales y culturales que conforman las particularidades de cada región”.

La relación con el turismo convencional

Existen algunas diferencias importantes que distinguen al turismo alternativo del convencional:

• El turismo convencional evolucionó conjuntamente con la historia de la humanidad. El movimiento alternativo aparece recién en escena en la década de 1980 aproximadamente.

• El turismo convencional es masivo, de consumo y tiene un alto impacto sobre los ecosistemas y la cultura anfitriona. En el turismo alternativo, para que el negocio sea exitoso, la experiencia del visitante en contacto con la naturaleza debe ser autentica y de calidad, lo cual sólo se logra si se practica en grupos reducidos. De ello también depende que el producto sea socioambientalmente sostenible.

• Mientras que el turismo convencional tradicionalmente ha excluido a la población local mas vulnerable, el turismo alternativo se presenta como una tipología que permite incluir con éxito a las comunidades locales en gestión y distribución de beneficios que el turismo genera, produciendo el mejoramiento de sus condiciones de vida y empleo.

• Practicar el turismo tradicional es más barato porque está masificado. La practica del turismo alternativo es más costosa ya que requiere recursos humanos y equipamientos especializados y se desarrolla en áreas de difícil acceso, por lo cual es necesario utilizar vehículos no convencionales, entre otros aspectos.

• El turista convencional es un sujeto pasivo, principalmente contemplativo. En el caso del turismo alternativo, el sujeto participa abierta y directamente en la actividad que está desarrollando.


Orígenes del Turismo Alternativo

En “Introducción a la Teoría y Técnica del Turismo”, el libro que marcó un hito en la formación de profesionales y en la difusión del turismo, Luis Fernández Fuster predijo el deseo de evasión como motivador de viaje. Fuster escribió que “en el mundo moderno industrial y urbano el hombre vive hacinado inmerso en una cultura artificial de asfalto, luces de neón, acondicionamiento de aire y calefacción, transportes y centros de trabajo y de diversión masificados, domicilios estrechos sin un rayo de sol, sin libertad y sin Tierra, a cambio de un alimento seguro y algunos goces civilizados. Es en estos cuerpos esclavizados donde surge en lo hondo de la mente un deseo de evasión de las cadenas diarias: del vestido, del cuello duro y la corbata, del asfalto, de todo lo que huele a encierro... Evasión, ¿A dónde?- continúa el eminente turístologo español-: a la Naturaleza”.

Se puede andar y desandar el tema y la conclusión será la misma: el origen del turismo alternativo radica en el afloramiento masivo del deseo de evasión del estilo de vida artificial en el hombre moderno, uniformado y con grados de infelicidad creciente imperantes en las ciudades.

La contracultura citadina comenzó con el hipismo de los 60´ y se afianzó hacía los 80´ acogiendo múltiples formas. La eclosión mundial de movimientos ambientalistas, el redescubrimiento de la agricultura orgánica y el creciente número de personas que practican la alimentación macrobiótica, la masiva proliferación en el mundo occidental de religiones y técnicas de meditación orientales como el yoga, Tai Chi, y el Budismo, la medicina y terapias alternativas, el brote de productos y servicios “ecológicos” son sólo algunos ejemplos de que la filosofía que revaloriza el ritmo de la naturaleza, sus valores, funciones y beneficios se abrió camino con éxito en todas las esferas sociales occidentales.

Y el turismo -como fenómeno social que es- no podía permanecer inmutable ante terrible revolución de actitud global, y evolucionó hacia el turismo alternativo.

Hoy, la demanda de personas que cuando tiene unos días –Sergio Molina le llama a este fenómeno “Posturismo” las personas tienen a viajar más veces al año por menos días-, elige pasarlos en contacto activo con la naturaleza va en aumento. A ésta solo le toma unos días sosegar nuestro espíritu y ayudarlos a alejar las preocupaciones de la mente rescatando así la función social esencial del turismo y en especial de las vacaciones; ser un amortiguador del frenesí citadino e imprimir nuevas energías en los maltrechos cuerpos provenientes de las grandes ciudades. Esa es la médula y la razón de ser del surgimiento y la continua evolución del turismo de la nueva era o turismo alternativo.

El renovado interés en la cultura local, lo artesanal, las comunidades indígenas, y los comportamientos de la flora y la fauna; la posibilidad de revivir sensaciones que en las ciudades se encuentran olvidadas o minimizadas, debido a que todo se ha vuelto increíblemente previsible y globalizado, inclusive los momentos de ocio y recreación; la moda, “lo verde”, entendido como aquel producto o servicio inocuo para el ambiente-vende; y la saturación de los destinos turísticos tradicionales que replican las condiciones imperantes en las ciudades, son otros de los factores que desencadenaron la aparición del turismo que nos ocupa, a partir de las últimas dos década del siglo pasado.


Una postura propia

El fenómeno que en nuestro país reconocemos como turismo alternativo no se ha popularizado en todo el mundo bajo la misma denominación. Los autores europeos adhieren en su gran mayoría a la calificación “Ecoturismo”, dentro de la cual listan un sin número de disciplinas que proponen un contacto estrecho entre el hombre y la naturaleza.

Considero que la tesis nacional es más acertada ya que desdobla el fenómeno alternativo en tres modalidades, que si bien encuentran en el contacto entre el hombre y la naturaleza su denominador común, cada una de ellas pone su acento en una particularidad de esa interrelación.

Mientras el Turismo de Aventura consiste en realizar un deporte, con su consiguiente cuota de esfuerzo físico y riesgo, en contacto con un medio natural poco alterado, el Ecoturismo tiene por fin la observación directa y específica de dicho medio, y por último el Turismo Rural destaca el contacto con el medio rural y el conocimiento de nuestras tradiciones del campo, involucrando activamente al turista en las actividades cotidianas del mismo.

Las ventajas de esta tesis son principalmente de índole práctica, ya que al reconocer que el perfil de los consumidores varía entre una y otra modalidad, también permite desarrollar estrategias de planificación y comercialización especificas para cada uno de los segmentos, lo que aumenta las posibilidades de éxito de los programas de turismo alternativo.

 
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