Introducción al Turismo Alternativo
Por Ángel Perticara
El músico y compositor Andrés Calamaro lo sintetiza cantando “estamos implicados en un mundo complicado”. En el amanecer del tercer milenio la humanidad ha adoptado la curiosa e irracional forma de monstruo gigantesco dotado de más de 6 000 millones de cabezas, bocas y el doble de brazos con las que intoxica el aire, contamina los mares, transforma los bosques en desiertos, y los ríos y lagos en cloacas ciclópeas, amenazando con su comportamiento la continuidad de todas las formas de vida sobre el planeta, incluyendo la propia.
Los primeros signos de que el hombre comenzó a asustarse de las consecuencias de sus propios actos aparecen en 1983 cuando en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas se le encargara a la “Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo” delinear un “programa global para el cambio”, una estrategia ambiental a largo plazo que no interrumpiera el crecimiento económico pero que a la vez sea ambiental y socialmente sostenible. Surge así el término Desarrollo Sustentable.
Ratificado por el “Informe Brundtland”, llamado así en honor a la noruega Gro Harlem Brundtland -la única política del mundo que llegó a Primer Ministro luego de varios años de lucha como Ministra de Medio Ambiente-, el Desarrollo Sustentable fue definido por dicha comisión como “el tipo de desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”1.
Numerosos autores han intentado definir al turismo sustentable transpolando el concepto acuñado por la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y el Desarrollo al campo del turismo y así definen al Turismo Sostenible como aquel que procura “mejorar la calidad de vida humana sin rebasar la capacidad de carga de los ecosistemas que la sustentan”. Este mecanismo no ha revestido ningún avance ni teórico ni práctico.
En mi opinión, los conceptos más felices han sido los acuñados por la Organización Mundial del Turismo (OMT) y Colin J. Hunter.
La OMT define al Turismo Sostenible como “aquel que atiende las necesidades de los turistas actuales y de las regiones receptoras y al mismo tiempo protege y fomenta las oportunidades para el futuro. Se concibe como una vía hacía la gestión de todos los recursos de forma que puedan satisfacerse las necesidades económicas, sociales, estéticas, respetando al mismo tiempo la integridad cultural, los procesos ecológicos esenciales, la diversidad biológica y los sistemas que sostienen la vida”.2
Hunter, por su parte, sostiene que es aquel que integra e interrelaciona tres dimensiones fundamentales que ha de tomar en cuenta todo desarrollo turístico para lograr sostenibilidad: la de la comunidad local, la de los visitantes y la de los recursos naturales que constituyen el principal atractivo turístico.
Según Colin J. Hunter el turismo sostenible:
a) Se trata de un desarrollo turístico que persigue satisfacer las necesidades y deseos de la población local en términos de mejora de los estándares y de la calidad de vida.
b) Pretende satisfacer, además, las demandas de los turistas y de la industria turística, y mantener los atractivos para ambos en orden a alcanzar el objetivo anterior.
c) Trata de preservar, por último, los recursos ambientales que son la base del turismo, tanto en sus componentes naturales, como construidos y culturales, en orden a lograr los dos objetivos anteriores.
Luego de cavilar sobre las diferencias y similitudes de los términos sostenible y sustentable considero que ambos pueden ser utilizados como sinónimos, advirtiendo que en nuestro país se ha propagado con mayor fuerza el término turismo sustentable.
Lamentablemente, la fuerza de los hechos nos demuestra que el turismo sustentable por sí mismo no existe; prueba de ello es que el turismo tradicional conformado a partir de la década del 50 se ha desenvuelto espontáneamente con un elevado perfil desarrollista y escasas consideraciones sobre sus impactos negativos en materia social, ambiental y cultural.
Según el destacado turistólogo Sergio Molina algunos de los centros turísticos de mayor relevancia internacional, que basan su producto en el denominado turismo de sol y playa, sufren algún tipo de contaminación, producido por hoteles que arrojan al mar sus residuos o desagües cloacales, que comprometen su explotación futura con éxito.
Para ver el contenido completo de Introducción al turismo alternativo bajar el archivo adjunto (Turismo 1).