Propuesta
La iniciativa está fuertemente asociada al proyecto de reconversión del puerto de Santa Fe y al traslado de la terminal portuaria a la vera del río Paraná. Y tiene principio de ejecución con la realización del estudio de viabilidad altamente positivo realizado por la Fundación Hábitat y Desarrollo en convenio con el Ente Administrador del Puerto de Santa Fe.
Por Fernando Ardura
Asesor de la Fundación Hábitat y Desarrollo
Especialista en Planeamiento y Gestión de Áreas Protegidas.
Fue Vicepresidente de la Administración de Parques Nacionales
y Consejero Regional para América del Sur y América Central de
la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN).
“Los países del Tercer Mundo tenemos la oportunidad de no cometer el mismo error que agobia al mundo industrializado, que ha desarrollado un modelo irracional agotador de los recursos naturales, lo que menos tarde que temprano excederá la capacidad de carga del bote. Y no por la cantidad de gente, sino por el desatino de jugar a los saltos en su interior. Nuestra inteligencia consiste en aprender y aprovechar la experiencia ajena e implementar un modelo energético e industrial alternativo que garantice el uso racional de los recursos naturales para las actuales y futuras generaciones, defendiéndolos de la voracidad del modelo irracional, que intentará venir por ellos antes de cambiar. Ésta será una de las cuestiones políticas centrales del Siglo XXI”.
Juan D. Perón. 1972.
Mensaje a los Pueblos y Gobiernos del Mundo. Madrid.
Santa Fe, marzo de 2006
1 – Entorno Biogeográfico de la Ciudad y el Puerto de Santa Fe
El actual emplazamiento del puerto de Santa Fe está localizado en el extremo de un canal artificial de 7 kilómetros de longitud, 60 metros de ancho y 22 pies de profundidad, que lo conecta al río Paraná a la altura del Km. 584. El puerto está integrado al casco urbano de la ciudad de Santa Fe. Mediante la Derivación Norte del canal de acceso mencionado, las instalaciones portuarias están hídricamente conectadas a la Laguna Setúbal o de Guadalupe, que es el mayor cuerpo de agua que orilla la ciudad por el noreste; y mediante la Derivación Sur, se conectan con el río Santa Fe, que desemboca en el río Coronda.
El Puerto de Santa Fe fue inaugurado en 1910, cuando los buques tenían una capacidad de carga de 10.000 toneladas y la profundidad establecida entre Rosario y la ciudad de Paraná era de 19 pies. Cien años después, Santa Fe registra profundidades de 22 pies, mientras que Rosario tiene 32 pies y brega por llegar a los 40 pies. De esta manera, el actual puerto fue perdiendo presencia en el tráfico de ultramar y fue decreciendo su actividad. Con el fin de recuperar competitividad está en marcha un proyecto de traslado hacia una nueva ubicación en aguas más profundas, ya sobre el río Paraná.
En el aspecto biogeográfico, el área costera oriental de la ciudad de Santa Fe y el actual emplazamiento del puerto pertenecen a la eco-región del Delta e Islas del Paraná Medio, mientras que el oeste citadino se recuesta sobre el río Salado y la eco-región del Espinal. Por estar ubicada la ciudad en medio de los valles de inundación del Paraná y del Salado, se encuentra prácticamente amurallada por varios tipos de terraplenes, muchos de ellos aprovechados como avenidas costeras.
1.1 – Características geofísicas y diversidad biológica
El río Paraná y su tributario, el Paraguay, recorren la llanura chacopampeana encajonados en una gran falla geológica y en su tramo más austral (delta y cauce del río de la Plata) ocupan un antiguo estuario marino. La fuerte acción de los ríos constituye el principal factor modelador de toda la eco-región, caracterizada como “azonal”, debido a que sus rasgos no responden a los grandes factores continentales de las zonas que atraviesa (como el clima y la geología), sino a la dinámica fluvial de arrastre y deposición de sedimentos acarreados desde las mesetas y montañas cabecera de cuenca. Es por eso que encontramos una influencia determinante de la selva subtropical misionera o paranaense.
Los picos de grandes lluvias que ocurren en la cuenca ocasiona el desborde estacional del cauce del Paraná y la inundación de las islas vecinas. La brusca disminución de la velocidad de las aguas que provocan esos desbordes produce la deposición del sedimento grueso sobre los márgenes del cauce. Es por este fenómeno que los bordes de las islas y costas son más elevados que su interior, conformando albardones que endican un tipo de extensas cubetas regularmente anegadas en su interior.
La dinámica de las aguas forma canales de interconexión que, cortando el albardón, permite el anegamiento o drenaje de las islas y zonas costeras, según el nivel del río. El valle de inundación del río Paraná medio y su sistema de islas es muy ancho, oscilando en la provincia de Santa Fe entre 10 Km. y 20 Km. en algunos lugares. Como señaláramos, todo este valle de inundación está ocupado por depósitos aluviales que la dinámica del río modifica constantemente.
La presencia permanente de grandes cuerpos de agua, quietos o en movimiento, genera efectos climáticos locales de alta humedad ambiente y atemperamiento de los extremos de temperatura diarios y estacionales, lo que ha permitido la presencia uniforme de comunidades y especies típicas de las ecoregiones subtropicales húmedas del noreste del país.
La vegetación nativa característica del valle de inundación del río Paraná medio es una ramificación de la eco-región de la Selva Misionera o Paranaense, y sus selvas o bosques marginales se extienden hacia el sur formando angostas galerías a lo largo de los ríos Paraná y Uruguay, penetrando hacia el oeste por todos sus afluentes, esteros y lagunas. Por la peculiar situación de estar la ciudad enmarcada por dos eco-regiones, también se identifica una influencia de especies
vegetales del Espinal.
Los ecosistemas acuáticos son los sitios donde se genera más vida y esto se debe a los cambios que suceden como consecuencia de las variantes en la pendiente del suelo. A medida que el terreno va descendiendo y nos acercamos al agua, encontramos mayor variedad de comunidades o asociaciones vegetales que ofrecen recursos abundantes para ser utilizados por los animales.
Cubriendo las costas de las lagunas y bañados encontramos diversas comunidades vegetales, entre las que se destacan los varillares de Duraznillo blanco, juncos, cataizales, pajonales y en aguas profundas aparece el camalotal. El Duraznillo blanco suele ser excluido por el Junco (Scirpus californicus), una delgada ciperácea que puede alcanzar hasta dos metros de altura. El gran desarrollo del Junco llega a producir la desecación de algunos cuerpos de agua: al morir sus tallos elevan el fondo de muchas lagunas interiores, avanzando un paso más en la sucesión natural.
En los albardones se encuentran los bosques fluviales o ribereños, que son angostos (varían desde una sola hilera de árboles hasta más de setenta metros de ancho) y cuya vegetación va cambiando de acuerdo a su grado de madurez. El Sauce criollo (Salix humboldtiana) y el Aliso (Tessaria integrifolia) suelen formar colonias casi puras denominadas genéricamente sauzales en las márgenes de los ríos. Son las primeras especies que colonizan los albardones recientemente formados o sitios despojados de su vegetación natural a causa de una perturbación.
En los sitios mas altos, se desarrollan otras especies como el Ceibo (Erytrhyna cristagalli), el Laurel de río (Nectandra falcifolia), el Timbó blanco (Cathormion polyanthum) o el Curupí (Sapium haematospermun), que enriquecen la composición de estos bosques, los cuales presentan también un estrato herbáceo de gran importancia (arbustales de espinillo, chilcas, rama negra, sarandíes, etc.; y pastizales de cortadera, totora, espadaña, carrizo, canutillo y numerosas especies de gramíneas). En suelos bajos, próximos a los cursos de agua, se hallan pequeños bosques de Espinillo o Aromito (Acacia caven), los que se destacan por la fragancia y el colorido de sus flores.
La fauna es particularmente rica comparada, por ejemplo, con la pampeana, a causa de la influencia ecoregional misionera mencionada, la variedad de ecosistemas y la presencia de refugios naturales. Entre los reptiles, el Lagarto overo (Tupinambis teguixin), la Tortuga acuática de cuello largo (Hidromedusa tectifera) y las tortugas terrestres (Chelonoidis spp.) son abundantes localmente. El Yacaré negro (Caiman yacare) y el Yacaré ñato (Caimán latirostris chacoensis) llegan desde el norte hasta el Delta Superior entrerriano, donde el último incluso nidifica. También sobresalen como especies carismáticas la Yarará (Bothrops spp.), la Víbora de Coral (Micrurus pirrhocryptus) y la Cascabel (Crotalus durissus terrificus), y una variedad de especies de tortugas de río, lagartijas, víboras y culebras. Hay una gran diversidad de anfibios compuesta por un elevado número de especies de ranas, sapos, escuerzos, etc. (Familias Microhylidae, Leptodactylidae, Hylidae, Bufonidae, y Pseudidae).
Entre las aves encontramos el Hornero (Furnarius rufus), el Arañero cara negra (Geothlypis aequinoctialis), el Tordo renegrido (Molotrhus bonariensis), la Cardenilla (Paroaria capitata), el Pico de plata (Hymenops perspicillata), el Cabecita negra (Carduelis magellanica), la Torcacita (Columbina picui), el Jilguero (Sicalis flaveola): la Tacuarita azul (Polioptila dumicola), el Benteveo (Pitangus sulphuratus), el Carpintero real (Colaptes melanolaimus), el Chingolo (Zonotrichia capensis), el Zorzal colorado (Turdus rufiventris), el Cardenal (Paroaria coronata), etc. Asociadas a lagunas, bañados y cursos hídricos, hallan hábitat propicios diferentes aves acuáticas, entre las que podemos reconocer al Biguá (Phalacrocorax olivaceus), el Caraú (Aramus guarauna), la Garza blanca (Egretta alba), la Garza bruja (Nycticorax nicticorax), la Garcita azulada (Butorides striatus), la Gallareta chica (Fulica leucoptera), el Gallito de agua (Jacana jacana) y el Pato sirirí pampa (Dendrocygna viduata), como los mas abundantes. Entre las aves migratorias que hacen escala en la eco-región podemos mencionar a la Golondrina doméstica (Progne chalybea), la Golondrina parda(Phaeoprogne tapera), el Suiriri real (Tyrannus melancholicus) y la Tijereta (Tyrannus savana).
Los mamíferos más característicos son el Peludo o Tatú (Chaetophractus villosus), el Lobito de río (Lontra longicaudis), el Carpincho (Hydrochoeris hydrochaeris), el Gato de los pajonales (Oncifelis colocolo), la Rata acuática (Scapteromys acuaticus), la Rata colorada (Holochilus brasiliensis), el Ratón de campo (Akodon azarae), el Cuis común (Galea musteloides), el Coipo (Myocastor coypus), la Comadreja colorada (Lutreolina crassicaudata), la Comadreja overa (Didelphis albiventris), la Comadrejita rojiza o enana (Gracilinanus agilis), la Marmosa común (Thylamys pusilla), el Colicorto pampeano (Monodelphis dimidiata), el Murciélago Cola de ratón (Tadarida brasiliensis), el Murciélago pardo (Eptecisus brasiliensis), el Vampiro (Desmodus rotundus), entre otros.
La presión antrópica sobre los ecosistemas naturales, especialmente la colonización y la urbanización sin medir ni mitigar los impactos ambientales negativos, trajeron aparejado un desplazamiento de mamíferos autóctonos de gran envergadura hacia zonas menos modificadas, por lo que ya no los podemos encontrar en un radio de 100 Km. de la ciudad de Santa Fe. Entre ellos, están el Yaguareté (Leo onca), el Puma (Puma concolor), el Ciervo de los pantanos (Blastocerus dichotomus), el Venado de las pampas (Ozotoceros bezaarticus), el Aguará guazú (Chrysocyon brachyurus), el Zorro pampa (Canis gymnocereus) y el Tamanduá (Myrmecophaga tridactyla).
Vale destacar la importancia de una ictiofauna notable, por el tamaño y abundancia de sus representantes. En sus aguas se encuentra el Dorado (Salminus brasiliensis), el Surubí (Pseudoplatystoma coruscans), el Surubí atigrado (P. fasciatum), el Manduvá (Ageneiosus brevifilis), el Manduví (Ageneiosus valenciennesi), el Bagre sapo (Rhamdia quelen), el Bagre hocicón (Auchenipterus osteomystax), el Bagre blanco (Pimelodus albicans) y el amarillo (Pimelodus maculatus), el Pacú (Piaractus mesopotamicus), la Boga (Leporinus obtusidens), el Sábalo (Prochilodus lineatus), la Tararira (Hoplias malabaricus), la Anguila picuda (Rhamphichthys rostratus), varias especies de Palometa o Piraña (Serrasalmus spp.), varias especies de Mojarra (Astyanax spp.), Salmón de río (Brycon orbygnianus) y varias especies de Raya de río (Potamotrygon app.), etc.
2 – Impacto Ambiental, Pasivo Ambiental y el Nuevo Paradigma Histórico
Todas las características enunciadas, los procesos naturales y la biodiversidad que venimos señalando, están perturbados definitivamente por la presencia histórica de la ciudad de Santa Fe y demás poblaciones costeras, que actúan como enclaves artificiales y construidos, injertados en el paisaje e impactando negativamente sobre casi todos los componentes de esa diversidad
(ecosistemas, especies y diversidad genética).
La propia dinámica del río está pervertida por endicamientos, terraplenes, canales artificiales, rectificaciones de curso, defensas costeras, etc.; todo un sistema que entra en crisis periódicamente (y no sólo en el Paraná, sino en todo el mundo) cuando el río vuelve por sus fueros en crecidas extraordinarias que superan las previsiones humanas y producen los desastres de las grandes
inundaciones (Santa fe bajo las aguas del río Salado en 2003). A esta artificialidad urbana y al manejo perverso del río hay que sumarle la contaminación generada por la población humana en la sociedad industrial y nos encontraremos en condiciones de medir el pasivo ambiental que cargamos las actuales generaciones y heredarán las que nos continúen. A nivel local, nacional y global. Este es el costo del desarrollo de nuestra civilización (también, la principal amenaza a nuestra existencia en el tiempo, a nuestra sustentabilidad).
Un costo no asumido como tal hasta hace unos 30 años y considerado por mucho tiempo como una externalidad absoluta al proceso económico, contra la que había que lidiar solamente cuando se producían catástrofes naturales. Así como en el Siglo XX el Occidente internalizó en las economías nacionales los costos educativo, de la seguridad social y de la salud pública, el imperativo global del Siglo XXI será la internalización del costo ambiental.
Desde esta perspectiva aparece el nuevo paradigma del desarrollo sustentable, que consiste en asumir el pasivo ambiental histórico para revertirlo y mitigar sus efectos sobre la naturaleza; conservar y recuperar los ecosistemas naturales; y encarar los nuevos emprendimientos humanos en una relación amable con el ambiente, asegurando el aprovechamiento a perpetuidad de los recursos naturales.
Una sustentabilidad ambiental integrada a las otras cuatro sustentabilidades del desarrollo: la justicia social, la identidad cultural, la democracia política y la rentabilidad económica, como fueran asumidas por los Objetivos de Desarrollo del Milenio acordados por los Estados Miembros de las Naciones Unidas.
Se trata de establecer una relación de costo-beneficio entre desarrollo y ambiente, donde el actual costo ambiental absoluto pase a ser un costo relativo, mediante el monitoreo, la prevención y la mitigación de los impactos negativos, por un lado; y la generación de impactos positivos (reversión de pasivos históricos, conservación y recuperación de la naturaleza), por el otro.
3 – La Oportunidad del Nuevo Puerto de Santa Fe
La provincia de Santa Fe ha comenzado a dar respuesta a la cuestión mediante la Ley N° 11.717 y su Decreto Reglamentario N° 101/03, que establece la normativa ambiental que rige cualquier emprendimiento que se desarrolle en su territorio. Esto significa que a partir de este siglo comienzan a ser evaluados, prevenidos, monitoreados y mitigados los impactos ambientales negativos ocasionados por las diferentes actividades humanas en la provincia. La relocalización del Puerto sobre las aguas profundas del río Paraná y la reconversión y puesta en valor de las instalaciones portuarias históricas en la costa de la Ciudad, implican una gran oportunidad para que Santa Fe pueda dar otro paso estratégico en la definición del perfil ambiental y paisajístico a futuro, al mismo tiempo que abre la perspectiva de nuevas fuentes de trabajo en aprovechamientos económicos sustentables.
Esto implica reducir y mitigar el pasivo ambiental acumulado por el viejo puerto en el área y sus adyacencias durante más de cien años de operaciones, en los cuales no existió estrategia alguna de prevención y de mitigación de impactos.
Lo único que fue atenuando la dimensión de los impactos es la progresiva reducción de la actividad portuaria impuesta por las nuevas escalas competitivas del comercio internacional, lo que plantea la actual necesidad de relocalizar el puerto sobre el río Paraná.
Concordantemente con el establecimiento de la nueva estación fluvial de aguas profundas, el Ente Portuario impulsa la reconversión del puerto viejo a través de un Plan Maestro que valorice el área y genere un nuevo perfil cultural, comercial y turístico en la ciudad. Dicho Plan determina el reciclado para casi todas las instalaciones y una nueva zonificación, priorizando el uso público y recreativo, la prevención y mitigación de impacto ambiental y la conservación de los edificios históricos que caracterizan al puerto en la memoria de la comunidad.
Se trata de la obra más grande de recuperación paisajística urbana que haya realizado la ciudad de Santa Fe en las últimas décadas. Por otra parte, la construcción de las nuevas instalaciones portuarias sobre el Paraná será la obra de mayor envergadura realizada en la provincia que se someta a una evaluación de impacto y a un plan de gestión ambiental, de acuerdo a lo determinado en la legislación vigente desde 2003.
4 – La Reserva Ecológica Islas de Santa Fe
El pasivo ambiental acumulado por la Ciudad y el puerto viejo y los nuevos impactos negativos (prevenidos y mitigados) que surgirán de la construcción y operación del puerto nuevo exigen un fuerte impacto positivo orientado a conservar el entorno paisajístico y la biodiversidad, como compensación que responda a la lógica costo-beneficio en el marco de la sustentabilidad de los recursos.
La eco-región del Delta e Islas del Paraná Medio tiene una representación mínima (PN Diamante) en el sistema de áreas naturales protegidas de nuestro país (efectivamente implementadas), más allá de declaraciones de valor de Organismos multilaterales.
Es hora de asegurar la protección efectiva de un área representativa de esta eco-región y de amplia cobertura, llevando a la acción concreta la declaración de valor de la Convención Ramsar de Humedales de Importancia Internacional. Para nuestro país y para las provincias involucradas es una asignatura pendiente.
El Ente Administrador del Puerto de Santa Fe, la Universidad Nacional del Litoral y la Fundación Hábitat y Desarrollo proponen la creación, implementación y manejo de la Reserva Ecológica Islas de Santa Fe, como impacto positivo de conservación de la naturaleza local, acción compensatoria y reducción del pasivo ambiental histórico de la Ciudad y el Puerto. Y también como oportunidad para la educación, la recreación y el desarrollo del eco-turismo, generando oportunidades para el provechamiento sustentable de uno de los principales recursos de la provincia.
La Fundación HyD creó hace 12 años la Reserva Ecológica de la Ciudad Universitaria, conjuntamente con la UNL, área natural protegida peri-urbana representativa de los humedales del Paraná Medio, que implementó y administra en la actualidad (única área protegida provincial bajo manejo efectivo).
Desde esta experiencia, desde la identidad santafesina y desde el compromiso con la conservación y el desarrollo sustentable es que asumimos la responsabilidad de presentar esta iniciativa a las Autoridades provinciales.
4.1. – Ubicación Geográfica de la Reserva
Se identificó un área de alto valor para la conservación, con escasas amenazas de presión antrópica, reducidos conflictos de intereses y potencialidad para el desarrollo del eco-turismo, en el complejo de islas de baja intensidad de uso de122 Km a lo largo del valle de inundación del Paraná, ubicadas desde el Sur de la Ciudad de Santa Fe (Canal de Acceso) hasta la confluencia de los ríos Coronda y Paraná (Km. 473).
La superficie geográfica identificada es de aproximadamente 150.000 ha y el proyecto de Reserva podría ocupar todo el territorio o una porción del mismo, aunque el conjunto configura un ecosistema único con límites precisos. El área limita al Noreste con el Canal de Acceso al actual Puerto de Santa Fe y al Noroeste con el Canal de Derivación Sur del Puerto y el río Santa Fe.
Ambos canales fueron construidos por el hombre, lo mismo que la costa Norte del área identificada, por lo que sus características naturales están modificadas. Por esta razón es que se recomienda excluir este sector de la Reserva, zonificándolo como una zona construida con capacidad para concentrar una amplia gama de actividades planificadas y la mayor cantidad de impactos controlados de toda el área identificada.
En términos de conservación, el proyecto de Reserva tendría su límite Norte en esa zona artificializada de uso intensivo planificado y controlado. El límite Oeste del área identificada es el río Coronda y la costa occidental de la laguna Coronda, hasta la confluencia del primero con el río Paraná. El límite Este está configurado, de norte a sur, por el río Paraná Viejo, la Cortada del Palmar, el río Paraná, el río Los Reyes y nuevamente el río Paraná hasta su confluencia con el río Coronda. La mencionada confluencia (Km. 473) es el punto Sur del área identificada. Frente a esa confluencia, sobre el río Coronda, se encuentra Puerto Gaboto, el primer enclave fundado por los españoles en territorio argentino, con un gran potencial arqueológico y turístico.
El conjunto del área es un entramado de lagunas, esteros, albardones que conforman las costas de los ríos Paraná y Coronda y tierras inundables en diferentes épocas del año, por lo que existe algunas zonas con ganadería temporal de baja intensidad. Las tierras más altas y con ganadería permanente están ubicadas en la costa de relleno artificial del Canal de Acceso al viejo Puerto (sector excluido del proyecto de Reserva). En el resto del área, los usos habituales son recreativos y
de pesca, actividades compatibles con un ordenamiento y manejo conservacionista.
El Dominio territorial del proyecto de Reserva está compuesto por un mosaico de tierras fiscales y privadas, estas últimas con un bajo valor de mercado y escasos usos estacionales por su condición de inundables. Del otro lado del río Paraná, en la provincia de Entre Ríos, se encuentra el Parque Nacional Diamante (Pre-Delta), de 2.458 ha, un área de escasa superficie y cobertura eco-regional, por lo que la integración de ambas áreas permitiría una cabal representación de la eco-región en el universo de áreas protegidas del país.
4.2. – Un posible Parque Nacional para Santa Fe
Es importante que la provincia genere la Reserva Ecológica Islas de Santa Fe y la consagre por ley provincial; es importante que fije los objetivos de conservación y desarrollo del área; y es importante que defina las directrices que ordenen las actividades en este territorio. Pero también es importante que la provincia de Santa Fe, una vez consagrada y ordenada el área, contemple la posibilidad de integrarla al sistema de parques nacionales de nuestro país.
Se trata de una de las pocas provincias que no tiene un parque nacional, que hoy es la mayor marca registrada de convocatoria turística internacional de la Argentina. Santa Fe tiene derecho a inscribir su nombre junto a Nahuel Huapi, Los Glaciares, Iguazú, Lanín, Talampaya, El Palmar, Tierra del Fuego, Quijadas, etc., y ser parte de la oferta natural que nuestro país le vende al mundo. Y Santa Fe tiene la posibilidad de que un área de su territorio forme parte del Patrimonio Natural Común de los argentinos, conservado a perpetuidad por el Estado Nacional.
Una decisión de esta índole sólo la puede tomar la propia Provincia, que constitucionalmente tiene el dominio originario de sus recursos naturales y no el Estado Nacional, pero creemos que están dadas las condiciones para debatir el tema en la sociedad santafesina. Las Islas de Santa Fe son una excelente oportunidad para explorar este camino.
5 – Fuentes Consultadas
Alberdi, M. T.; G. Leone y E. P. Tonni. 1995. Evolución biológica y climatológica de la región pampeana durante los últimos cinco millones de años. Un ensayo de correlación con el Mediterráneo Occidental. Monografía. Museo Nacional de Ciencias naturales. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. 423 p.
Andelman, M. y J. García Fernández. 2000. Una agenda para conservar el patrimonio natural de la Argentina. Resumen ejecutivo de la propuesta de la Estrategia Nacional de Biodiversidad. Fundación C&M - FUCEMA - Grupo Nacional de Biodiversidad de UICN. Buenos Aires, Argentina. 80 p.
APN. 1998. Eco-regiones de la Argentina. Ediciones del PRODIA. Buenos Aires. 42 p.
De La Peña, M. 1987. Características ecológicas de algunos ambientes que frecuentan las
aves argentinas. 181 p.
Ente Administrador Puerto de Santa Fe. 2005. Reconversión Portuaria: Plan Maestro Puerto de
Santa Fe. (www.puertosfe.com)
Nofal, B. et al. 2005. Lineamientos estratégicos para el nuevo Puerto de Santa Fe en el
MERCOSUR. Bolsa de Comercio de Santa Fe. 90 p.